La muerte nos persigue, esta allí, siempre tan tentadora. Ella espera, que el tiempo se encargue de nosotros o que nosotros nos encarguemos de nuestro destino. Yo quiero terminar con el mío. Ya no quiero más. Me duele todo, nadie entiende, nadie. Puedo ser egoísta, puedo estar ciego, puedo estar equivocado. Pero es una decisión tomada, me voy a morir. Y no me voy a morir en una cama lleno de arrugas por consecuencia del tiempo. No. Prefiero morirme ahora, lleno de cicatrices, lleno de dolor. Quiero que me extrañes, que me necesites. Muchos van a pensar que es insensato dejar de vivir por otro, por otra persona que no se interesa por nosotros. Ya lo pensé. Se creen que morirse es un capricho, un arrebato. Que equivocados que están. Uno mira, observa, piensa, reflexiona, BUSCA. ¿Qué busca? Razones para vivir. Para seguir respirando, sintiendo. Pero cuando ya no hay una razón que nos sostiene, que nos mantiene soñando, ahí es cuando se empieza a pensar, a planear nuestra propia muerte. Durante ese planteo, surgen esas preguntas que nos hacen, creyendo que no sabemos de su existencia. ¡Gente estúpida! Tienen que sentir el sabor de la derrota, del dolor, el verdadero dolor. Necesitan saber que es la soledad, conocer lo que se siente que la gente que más querés te cierre puertas, no te deje soñar a tu manera. Que sean tan cerrados, que no puedan aceptar otro punto de vista. Ser censurado. Estar indefenso, no tener apoyo alguno, nadie que te diga: “sí, puede que tengas razón. Contá conmigo”. Por eso y muchas otras razones más, es que yo y muchísimas personas más deciden terminar con todo. Poder descansar. El dolor, ya no lo quiero. Me atormenta, me aburre. Es siempre igual. Me tengo que morir de otra manera… ¿Cómo? El gas, esa sería la respuesta. Su prolongada inhalación termina con todo, y es menos doloroso que una soga presionando tu cuello o una navaja rasgando tu piel. Dentro de poco nos vamos a encontrar. Me vas a dormir, profundamente, para siempre.
Para esas personas, pocas pero valiosas: no me extrañen, los amo y voy a estar siempre con ustedes. Para el resto: lástima, podrían haber evitado todo. Espero que sientan un poco de culpa, y algo de dolor. No espero más de ustedes que un simple ¿por qué? Y algunos insultos en repudio a mi decisión, no los culpo. No pueden entender semejante cosa. No entienden nada. Viven en su mundo estereotipado. Me tocó ser diferente en el lugar y momento equivocado, sólo eso. A pesar de todo los quiero, y trataré de llevarme conmigo los momentos que sí disfrutamos. Ahora sí, no tengo más ganas de escribir, de recordar. Prefiero concretar el encuentro. Aunque se que hoy no va a pasar, voy a sentir su olor. Me voy preparando.










